Cuando Lorenzo Servitje, fundador de Bimbo, falleció a los 98 años, Álex Rosal, director de Religión en Libertad escribió un sentido artículo mostrando su rostro más humano y personal, este empresario, que se encontraba entre los 10 más ricos de México empleaba a más de 130.000 personas, y tenía más de 100 marcas y 10.000 productos que se fabricaban en 170 plantas de 22 países.

Su hija Mari Carmen, impartió hace unos meses una conferencia sobre la persona de su padre, y desveló uno de los principios cotidianos de Don Lorenzo: “No se nos permitía criticar a los demás ni tratar con altanería a ninguna de las personas que nos ayudaban en la casa. Desde pequeñas dábamos clases a niñas y niños de medios marginados. Había una cierta austeridad en la vida cotidiana

Tras montar la multinacional Bimbo, que emplea a más de 130.000 personas, Servitje dejó escritas unos “mandamientos” prácticos para lograr dirigir una empresa que tenga éxito y sea, a la vez, plenamente humana. Estas son las 13 recomendaciones:

1. Difundir y lograr que se acepte el concepto de que la empresa no es simplemente un negocio, sino una obra de creación real de riqueza, de mayor alcance y trascendencia y para beneficio no sólo de unos cuantos sino para beneficio de muchos.

2. Insistir siempre en que la empresa es sobre todo un instrumento de servicio. Sirve a los hombres de fuera, proporcionándoles bienes y servicios, lo que la sociedad espera de ella. Pero también existe para servir a los hombres de dentro, es decir, para que los que trabajan en la empresa puedan ganarse la vida; y a los que han invertido en ella, para que reciban un rendimiento razonable por su inversión. “La empresa es para el hombre y no el hombre para la empresa”.

3. Difundir y lograr que se acepte el concepto de que la empresa es una obra común en la que están involucrados todos sus integrantes, que la pueden sentir como propia y ser un proyecto de vida y realización personal. “La empresa somos todos”.

4. Pugnar porque en la empresa haya una genuina convicción de la importancia del cliente y del consumidor, a quienes se debe respetar y tratar de dejar siempre satisfechos. “El cliente es el verdadero jefe de la empresa”.

5. Tener una preocupación generalizada y casi obsesiva por la calidad en su más amplio sentido. Considerarla algo en lo que no puede transigirse. “El producto que se hace y el servicio que se proporciona deben amarse“.

6. Tener una preocupación permanente por la productividad. La empresa es responsable de los bienes y esfuerzos que se le encomiendan y por lo tanto, debe proscribir rigurosamente toda ineficiencia, desperdicio o despilfarro.

7. Lograr que haya un ejercicio recto y eficaz de la autoridad y para ello seleccionar escrupulosamente a sus jefes de todos los niveles, formarlos, dirigirlos y motivarlos para que cumplan su papel de líderes con responsabilidad y espíritu de servicio. Todo grupo humano para su propio beneficio debe tener jefes y el jefe sólo se legitima por el servicio y el bien que procura a sus seguidores.

8. El personal de la empresa es el factor más valioso de ella. “La empresa será tan buena y productiva como lo sean sus colaboradores”. La selección adecuada para que la gente haga mejor su trabajo, la capacitación y la educación permanente son tareas indispensables.

9. La responsabilidad moral de la empresa implica no sólo el cumplimiento de las leyes y las obligaciones contraídas sino también honradez, trato justo a todos los que con ella se relacionan, austeridad, espíritu de trabajo, respeto y promoción de los valores fundamentales de todo ser humano.

10. Tener una visión de largo plazo, flexibilidad y rapidez para responder positivamente a los incesantes cambios de la economía y de la sociedad moderna.

11. Llevar a cabo un esfuerzo sostenido de comunicación dentro y fuera de la empresa, para que más y más gente entienda la naturaleza de la misma y el funcionamiento de ella y de la economía.

12. Involucrar lo más posible a los colaboradores de la empresa mediante su participación en las decisiones, en los beneficios y en el capital de ella, y con procesos continuos de capacitación, comunicación, consulta y oportunidades para aplicar su visión y su iniciativa.

13. Desterrar de la empresa la “relación adversaria”. Por lo contrario, pugnar por que en ella exista un ambiente fraternal y comunitario, en el que se promuevan la justicia, el respeto, la confianza y el afecto en todas las relaciones. Lograr que quienes trabajan en la empresa, además de ganarse la vida sean reconocidos plenamente como personas, tengan la oportunidad de emplear su capacidad y avanzar así su cabal plenitud, aspiración fundamental del pensamiento social cristiano. “La empresa debe ser altamente productiva y plenamente humana“.

Lorenzo Servitje estaba convencido que la empresa era el motor de una reforma social en la sociedad y, para ello, ese núcleo productivo debía transformarse y fortalecerse.

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