Viajar solo no es algo que muchos se atrevan a plantearse, ¿te lo has planteado tú alguna vez? Si tu respuesta a la pregunta es un “No, no quiero viajar solo porque no sabría qué hacer” debes seguir leyendo.

Viajar solo es como subirse a una montaña rusa: la primera vez impone, pero una vez lo has hecho, no dejarás de repetirlo.

Son varias las barreras psicológicas:

  • Miedo al qué dirán: La mayoría de las personas no viajan solas por miedo. Pero si lo piensas, la gente dice una cosa y en realidad piensa otra, admirarán tu coraje y envidiarán tu libertad, aunque la mayoría de las veces no lo admitan.
  • Miedo a que te pase algo malo: Es un miedo tan imaginario que no se fundamenta en tus vivencias anteriores, sino en tus creencias.
  • Miedo a no saber apañártelas: Cuando salimos de nuestra zona de confort solo vemos problemas en lugar de oportunidades, pero la verdad es que una vez fuera, la gente se espabila mucho más de lo que crees y eso te incluye a ti.
  • Miedo a sentirse solo: No es lo mismo sentirse solo que estar solo. Si te plantaras en medio de una ciudad y todo el mundo a tu alrededor estuviera con una pareja o en un grupo, tendrías motivos reales para sentirte solo. Pero evidentemente nunca es así, por lo que dejarás la sensación de soledad atrás en el momento en que salgas por la mañana del lugar donde te hospedes. También es una oportunidad para conocerte más a ti mismo, y poder profundizar.
  • Miedo al fracaso: Las cosas buenas siempre van acompañadas de miedo porque existe la posibilidad de fracasar, y el cuerpo usa ese miedo para darnos la energía necesaria para poder prevenir los fracasos. El temor al fracaso es lo que da a la gente la motivación necesaria para evitarlo.

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Pero lo que mucha gente no se imagina es que, a pesar de que empiezan solos, pocas veces van a estar así. Cuando te encuentres solo, pongamos que en medio de la ciudad de Los Ángeles, te descubrirás a ti mismo absorbiéndolo todo de tu entorno, con la necesidad de hablar con la gente, de socializar y de comunicarte. Seguro que haces amigos, y serán muy diferentes a tí lo que permitirá que tengas nuevos esquemas mentales.

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Viajar solo por primera vez puede atemorizar un poco, pero la mayoría de gente que hace su primer viaje sin compañía describe la experiencia como algo casi místico. La sensación de victoria y autosatisfacción después de terminar un viaje solo es incomparable. Y al estar tanto tiempo contigo mismo aprendes mucho de ti. Desde luego debería ser obligatorio en cualquier programa de desarrollo personal.

Si te lo estás pensando…¡Ánimo!