¿Queréis hacer a vuestros hijos sencillos y alegres? ¿O queréis que sean débiles y caprichosos? Lo que marca la diferencia entre unos y otros es una educación con austeridad. No sabemos si el día de mañana tendrán mucho dinero, se arruinarán o se quedarán sin trabajo. Pero si les educamos en la austeridad, sí sabremos que serán personas fuertes que podrán con la situación.

Existe la creencia de que para educar bien a los hijos hace falta mucho dinero. Eso no solo es falso, sino que, muchas veces, es contraproducente. Los hijos no deben de tener mucho dinero hasta que sean ellos mismos los que lo ganen.

Las personas que han hecho algo en su vida, casi siempre han tenido una educación austera en su infancia, aunque sus padres tuvieran mucho dinero. Y probablemente, éste ha sido un factor decisivo en su vida de adulto. Al contrario, los hijos educados en la abundancia, no salen frecuentemente adelante, porque están acostumbrados a ser cómodos y porque los padres confunden el cariño con la “facilonería”.

Amar a los hijos es darles la mejor educación para que sean fuertes y sanos en la vida. La austeridad enseña el desprendimiento a los bienes materiales. En sí mismos, no son malos. La calidad moral se ve en el modo en que sean utilizados estos bienes. La excesiva preocupación por las cosas materiales empequeñece el corazón e impide ver las necesidades de los demás, mientras que el desprendimiento nos hace valientes, fuertes y forja un carácter noble y generoso.

Muchos niños educados en la abundancia, sin control y sin entrega por parte de los padres desarrollan una patología que se llama Narcicismo. ¡¡Cuidado!! Los expertos ya nos están avisando que en las futuras generaciones habrá muchos narcicistas.

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Te damos algunos ejemplos prácticos de cómo educar en la sobriedad y sencillez:

  • No les des todo lo que pidan: distracciones, juegos… Tienen que valorar lo que tienen, y en su justo momento, con sentido común. Saber esperar algo que quieres tener, además de dar ilusión, enseña a tener satisfacción a medio-largo plazo y no la inmediata del capricho. Además, transmites que todo cuesta en la vida, que no cae del cielo.
  • Ten un estilo de vida sencillo y sobrio de acuerdo a tu posición social, pero sin estridencias, caprichos excesivos, complicaciones, dando importancia a lo que no tiene. Tus hijos aprenden de tí. No vivas para aparentar.
  • Introduce en su rutina hábitos que educan:
    • Comer todo el plato para no tirar la comida.
    • Que sean ellos los que ordenen su cuarto aunque haya personas de servicio en la casa.
    • Que ayuden a poner la mesa y a quitarla. Les da responsabilidad y autoestima.
    • Heredar la ropa de los hermanos mayores y que aprendan a cuidarla.
    • En casa hay derechos (comer, bañarse, tener amor…), pero también hay obligaciones (estudiar, ser responsable, ayudar…).
    • El espíritu del esfuerzo y sacrificio son importantes: en el estudio, siendo generoso con los hermanos, ayudando en casa, eligiendo entre varios regalos…
    • En momentos donde reciban demasiados regalos, como en la Primera Comunión, darles la posibilidad de pedir dinero a algunos invitados, en vez de regalos, y darlo a asociaciones dedicadas a los menos favorecidos.
    • Participar en actividades donde se ayuda a otros, para que abran los ojos a otra realidad que ellos no viven y que les hará el corazón más grande. Hay millones de cosas que se pueden hacer.
    • Enséñales a no presumir de lo que tienen y a saber llevarlo con sencillez. Muchas veces tendrán que callar para no exhibir.
  • El sufrimiento forma parte de todas las vidas. Por eso, al proteger a los más jóvenes de cualquier dificultad y experiencia del dolor, corremos el riesgo de formar, a pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles.

Por último, no olvidemos que la austeridad tiene que ir acompañada de mucho amor, y generosidad por nuestra parte.